Mientras iban emplazando los campamentos de altura él intentaba desgastarse lo menos posible para estar en las mejores condiciones cuando llegara el momento de atacar la cumbre. Ya en el campo base había tramado todo tipo de argucias para trabajar lo menos posible, lo que iba en detrimento de sus compañeros que empezaban a verle el plumero. Su mano derecha en la expedición compartía con él la afición por la política y los dos estaban afiliados al partido. No se sabe muy bien si en la financiación de la expedición -de la que se ocupó personalmente el alpinista indecente- hubo algunas irregularidades, pero, inevitablemente sugestionados por el adjetivo, hemos de pensar que con seguridad las hubo.
El hombre sin metas
De pequeño, cuando jugaba en el patio del colegio, no pensaba en que de mayor quería ser como Cruyff. Tampoco quería ser policía o astronauta, ni nada de lo que suelen querer ser los niños cuando son pequeños. Nunca se planteaba llegar más lejos, le gustaba hacer lo que hacía en cada momento y cuando le atraía otra cosa dejaba de hacer la anterior, aunque se le diera bien y pudiera depararle expectativas satisfactorias. Con la escalada le pasó parecido pero distinto, pues desde la adolescencia hasta que fue mayor nada le gustó más para dejarlo...y lo distinto fue sólo eso. Lo parecido fue que con la escalada también tenía un futuro prometedor, pero como no tenía metas su carrera quedó "truncada" al poco de empezar.
Noches toledanas (II)
[Viene de Noches toledanas (I)]
Comenzaron la escalada y eran casi las dos de la mañana. El guarda iba primero con su linterna frontal y detrás el rescatador, con un petate a la espalda de más de 20 kilos y 100 metros de cuerda estática enganchados al anillo del arnés. Dentro del petate ya sabemos lo que había, pero encima iba también un rotativo luminoso, como el de los tractores, que permitía a los miembros del grupo de rescate que permanecían abajo localizar la cordada en todo momento. Éstos idearon un sistema que al guarda le iría de perlas: de uno de los todo terreno desmontaron un faro de la parrilla frontal, de tal manera que quedaba colgando de los cables y podían dirigirlo hacia la pared, orientados por la luz del rotativo.
Comenzaron la escalada y eran casi las dos de la mañana. El guarda iba primero con su linterna frontal y detrás el rescatador, con un petate a la espalda de más de 20 kilos y 100 metros de cuerda estática enganchados al anillo del arnés. Dentro del petate ya sabemos lo que había, pero encima iba también un rotativo luminoso, como el de los tractores, que permitía a los miembros del grupo de rescate que permanecían abajo localizar la cordada en todo momento. Éstos idearon un sistema que al guarda le iría de perlas: de uno de los todo terreno desmontaron un faro de la parrilla frontal, de tal manera que quedaba colgando de los cables y podían dirigirlo hacia la pared, orientados por la luz del rotativo.
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